Tenía diez años y corrían los años 70 en mi pueblo natal Auserd; íbamos ese día
un grupo de niños a escalar una de las montañas que forman la cadena de montes donde
se encuentra entre sus valles mi pueblo. En esa ocasión íbamos a alcanzar la cima de
uno de los más altos picos de todo el territorio, Buserz, con una altitud de 700 metros.
Comenzamos a escalar sobre las diez y a las dos aproximadamente ya estábamos
coronando la cima. El monte termina su cima en grandes cuevas donde hay infinidad
de madrigueras del chacal y la hiena, también reptiles en abundancia, la culebra, la serpiente
y otras especies de lagartijas.
Llevábamos agua y comida que cada uno había traído de su familia, éramos unos diez
aproximadamente. Conocíamos que hay muchos reptiles que son venenosos y teníamos ese
cuidado de lfaa y lehnesh, la serpiente y la culebra. Cuando llegamos a la cima encontramos
unas cuevas, y nada más verlas decidimos pasar el día allí, había mucho espacio donde acomodarse
y preparar el fuego para nuestra comida y el té.
Se respiraba un aire más fresco y menos pesado, era como si tuviera un olor “más fuerte”
para respirar. El paisaje desde la cima se veía con claridad, el pueblo se veía pequeño
y distante a la vez.
Entrábamos varias veces explorando las cuevas con cuidado por si se escondían
allí alimañas, de las que suelen camuflarse en el fondo de los agujeros. Mientras,
algunos íbamos buscando leña y otros preparaban el lugar. De repente uno de los chicos
gritó que había encontrado letras grandes realizadas con enormes piedras.
Corrimos todos a ver de qué se trataba, miramos las letras y cada uno leía a su
manera “s”, “o”, “s” otros leían “SOS”. Las letras estaban escritas en un área de
unos 600 metros cuadrados aproximadamente, como si estuviera preparada para un aterrizaje
de helicópteros.
Las letras median cada una más de cinco metros y con un separación de cuatro metros entre
cada una aproximadamente.
El terreno era arcilloso y de color marrón con dilataciones de
haberse secado el agua que se estancaba allí cuando llovía.
Pasamos ese día entre las cuevas, subiendo rocas, buscando animales en madrigueras y
contemplando las otras montañas colindantes. Al encontrarnos tan alto, comentábamos que
así desde esta altura debían ver los pilotos el pueblo. Sobre el cielo de Auserd solían hacer
acrobacia aviones militares del ejército del aire y en los recreos nos soltaban los maestros
para verlos ejecutando volteretas y cayendo en picado. Así nos divertíamos.
Tras la excursión preguntamos a los maestros qué querían decir aquellas letras encima de Buserz,
ahora no recuerdo la explicación que nos dieron, pero sólo sé que aquellas señales de peligro,
de socorro que pedía los montes de Auserd tenían un significado intuitivo de que algún peligro
se cernía sobre Auserd y sus gentes.
Cinco años más tarde un día, de repente, se cerraban nuestros colegios sin ninguna explicación,
a nuestros padres les arrebataban sus armas reglamentarias y uniformes militares, las oficinas
del gobierno se clausuraban, el único generador de suministro eléctrico se paraba y todas las
panaderías que suministraban pan a la ciudad desaparecían.
Muchos vehículos militares cargaban armarios, bultos, maletas y equipos electrodomésticos
y el hospital se quedó abandonado sin equipamientos. Aquello solo el preludio que anunciaba
el SOS del monte que aquel día descubrimos en la cima.
Los montes adivinaban la tragedia del abandono y la invasión marroquí y mauritana del
territorio. Lo anunciaban aquellas tres letras, aunque tardé varios años hasta conocer
el verdadero significado que encerraban.
Bahia Mahmud Awah
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