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REFLEXIONES PERSONALES SOBRE LA MILI EN SAHARA
SEGUNDO CAPÍTULO
El siguiente paso fue el traslado hasta el BIR, aunque haciendo una pequeña escala para dejar a los dos desertores de paracas que cité en el anterior capítulo, y que debían cumplir su resto de servicio militar en Cabrerizas. No sé que táctica pensaban desarrollar, pero lo que nos asombró es que se pusieran traje, corbata, zapatos relucientes y unas maletas caras tipo samsonite para ingresar en un batallón disciplinario. Años mas tarde he leído que una persona bien vestida es tratada con mas respeto que una vestida mas informal, y que psicológicamente, la primera impresión es la que predomina, con lo que la baza de dar buena imagen y crear un sentimiento de "gente de clase" podía serles de utilidad. En todo caso, fue la última vez que les vimos, pero nos quedó grabada la imagen de esas dos personas, vestidas como para una boda, entrando en el cuartel.
No recuerdo muy bien nuestros primeros pasos dentro del BIR, aunque supongo que estaríamos en las oficinas registrando nuestra llegada, así que el primer impacto que tengo en la memoria es al irnos acercando a los barracones, ver centenares de personas en bañador, uno tipo slip de color negro con dos rayas blancas en los costados, completamente pelados al cero (o así me lo pareció) y observándonos con curiosidad a los recién llegados, todavía de paisano y con el pelo mas bien largo, ya que nadie había querido ir a la peluquería en el último mes sabiendo lo que nos esperaba. La imagen me recordaba la de una especie de zoológico, reserva animal, o campo de concentración, todo mezclado, no veía a esas personas como mis futuros compañeros. La puntilla fue la siguiente escena, y supongo que muchos la recordareis: se ponían las barras de pan (chuscos) sobre unas mantas, al extremo de una calle entre barracones. Con la gente formada, se avanzaba (un golpe de silbato por fila) a coger el pan, que para los de la primera fila era cómodo, porque estaba justo delante, pero según iban avanzando las siguientes filas, los auxiliares y veteranos veían mas divertido que cogieras el pan a la puta carrera, así que si estabas de los últimos te dabas una carrerita de quince - veinte metros, llegabas al pan , lo cogías y te ibas a tu barracón a cambiarte de ropa para el almuerzo. Esa escena, que en días siguientes tuve que representar ya integrado en la compañía, vista desde fuera, el primer día, me pareció lo mas lamentable que tuve ocasión de presenciar en todo el tiempo que estuve allí. Claro está que llegaba, como todos, a una experiencia nueva, pero sin duda, fue la que mas me quedó en la retina como de baja dignidad en el respeto al ser humano, al verlos casi desnudos, el pelo al cero y corriendo a coger una barra de pan entre risas, amenazas y alguna colleja de los auxiliares veteranos, de los que también es cierto, no guardo ningún
buen recuerdo de ellos, ni siquiera de uno. Eran unos tipos semianalfabetos, pero engreídos, con inmunidad de acción, y que te trataban mal, sin mas lógica, que porque eras un puto recluta. Otra cosa, y hay que decirlo así, eran los cabos y aún mejor los cabos primeros, gente muy maja, que procedían de anteriores reemplazos, aunque evidentemente no podían indisponerse contra su propia gente que les hacía la parte mas pesada del trabajo.
Una ventaja de haber llegado mas tarde es que no había Cetmes en aquel momento para todos, una desventaja es que se decía que había que repetir campamento, e incluso que cuando tu reemplazo se licenciase, deberías quedarte a recuperar los días "perdidos". De momento, hacer instrucción con una mano en el cinturón y otra para bracear parecía un chiste de Gila, pero os juro que estuvimos así hasta el 1 de Noviembre, en total trece días, hasta que , en mi caso, me dieron un cacharro sucio y lleno de arena, que automáticamente, según los auxiliares, pasó a estar guarro porque lo trataba mal Y estaba recién entregado ! Debo deciros que con aquel Cetme no disparé un solo tiro, porque el mecanismo de cerrojo estaba obstruido con tanta arena que mas parecía cemento. Para el caso, daba lo mismo, se trataba de llevarlo para fines no bélicos, sino estéticos, no queda bien hacer orden abierto con las manos en los bolsillos y para desfilar no es muy vistoso ver a seis-siete personas sin el arma reglamentaria.
La vida en el BIR creo que para todos ha sido muy similar, y tampoco pretendo contar mi vida. Pero creo, objetivamente, que las condiciones eran realmente malas, las higiénicas ni te cuento. Como ejemplo, en el año 1.974 hice un viaje por Alemania, y estaba interesado en conocer como eran los campos de concentración nazis, de modo que nos acercamos a uno de los mas conocidos, Dachau, en las afueras de Munich. El campo estaba reconstruido, con sus alambradas
eléctricas, foso, torretas de vigilancia, hornos crematorios, y había un barracón que reproducía las mismas instalaciones que tenían los presos de los nazis en los años de la 2ª Guerra Mundial. Pues bien ante mi estupor, el barracón que era de un tamaño triple al del BIR, también de madera, tenía dependencias con lavabos y tazas de water en su interior, agua corriente, sala de comedor y estaba destinado, como digo a presos de los nazis. Nosotros éramos soldados del Ejercito español y estábamos en condiciones higiénicas muy inferiores a los detenidos en campos de concentración... y casi treinta años mas tarde. En los años 40 Dachau estaba en pleno campo, completamente aislado de toda población y casi clandestino porque como
sabéis la existencia de los campos de concentración era sistemáticamente negada por el régimen nazi, hasta que una vez acabada la guerra, se pudo comprobar la verdad por los testimonios dejados.
Por razones que no recuerdo, la Jura de Bandera se iba a celebrar el 1 de Diciembre, por lo visto un poco antes que años anteriores, de modo que, teniendo en cuenta que mi primer Cetme se me entregó el 1 de Noviembre solo tuve un mes de BIR a toda pastilla. Para los que tengan la paciencia o la curiosidad de leer estos recuerdos, y si estuvieron en esas fechas, les diré que estaba destinado en la 5ª Compañía, 7º Barracón y que los tenientes de la misma se llamaban Soler y Cedrés de la Calle. Este último era el que correspondía a mi Sección, tenía mas o menos nuestra edad, 23 años, y poseía un coche descapotable con pinta deportivo, aunque creo que no era una marca de las buenas. Era mas infantil que cualquiera de nosotros, muy buena persona, y le encantaba el orden abierto, atacar en las dunas a supuestos enemigos. Yo creo que de haber habido una guerra en ese momento, sería de los pocos que se hubieran alegrado.
Por fin, tras varios servicios de cocinas, perolas, obras, cuarteleros, imaginarias, instrucción cerrada, abierta, helados del Canario, clase teórica, concursar en "Cesta y Puntos", dos o tres prácticas de tiro, tirar una bomba de mano sin metralla y desenroscada previamente por un cabo, llegó el día de la Jura, en que como
podréis suponer, se celebró en la mas estricta intimidad, salvo algunos familiares de compañeros de Canarias. A las cinco de la tarde el 90% de la gente estaba completamente borracha, y a las nueve dormida. Pero supongo que para olvidar la depre era lo mejor. Ahora hay
teléfonos móviles, internet, pero entonces, solo con el correo ordinario el contacto no era tan inmediato ni tan directo.
El correo, como digo, era el principal punto de contacto con nuestros padres, novias, amigos, y si venía acompañado de algún paquete con productos de casa, mejor aún, aunque el hecho de no disponer de taquillas te hacía ser mas desconfiado ante posibles saqueos. Otro de los recuerdos es la mezcla de nostalgia, desconfianza y resignación que invadía a los que tenían novia. Aquellos que procedían del mundo rural, tanto por cultura como por vivir en pequeños pueblos sabían que la novia les guardaba la ausencia, o en todo caso, sabían de sus pasos y andanzas no solo por lo que ellas les contaban sino por informaciones de otros parientes y amigos. Para estas "viudas" temporales, nuestro mejor homenaje. En otros casos, los ataques de cuernos estaban mas o menos motivados, depende de cada caso en particular, pero había gente muy susceptible, y tenías que ir con cuidado al tratar algunos temas de infidelidad porque había mas de uno que se sentía aludido. Un caso que me sorprendió, sobre todo en el tiempo aquel y en España, es que mi compañero de dioptrías, el que fue mi colega desde el inicio del viaje, y del que poco a poco fui perdiendo contacto, al destinarle a otra Compañía, y después a otro destino, había pactado con su pareja un tiempo de libertad sexual, sobre el que no se preguntarían al volver a juntarse después del tiempo de servicio militar.
Obviamente, me decía él, las posibilidades están a su favor, ella está en Madrid y tiene amigos, yo estoy aquí y el desahogo mas normal será pajearse, pero prefiero haber elegido esta solución que continuar una relación con engaños. Esta muestra de liberalidad no la he encontrado ni en parejas mas jóvenes, al menos en cuanto a asumir que la distancia genera riesgos. Para los que en aquel momento no tenían novia, entre los que me contaba, y visto desde fuera, era lo cierto que resultaba ventajosa la situación de no comprometido.
El sexo en el BIR: bueno, es cierto que se ha hablado de la Jana, a la que no creo siquiera haber conocido, parece ser que existió por lo que cuentan otros compañeros, pero independientemente de ese caso, las posibilidades de mantener relaciones sexuales (con mujeres) en el BIR eran inexistentes, pero también es cierto que el mucho tute que llevábamos a lo largo de todo el día, y que no vimos a mujeres españolas hasta el día de la Jura de Bandera, y de lejos, los incentivos o deseos estaban muy amortiguados, de tal forma que no creo que hiciese falta ni bromuro para mantenernos calmados. Digamos que el sexo se quedaba al margen de nuestras actividades, al menos por lo que conozco. Sí me contaron una anécdota, y es que en una fiestecilla de un grupo de soldados, con alcohol y no sé si alguna sustancia mas, a uno de ellos, que decían que era muy lampiño, sin pelo en el cuerpo, se le ocurrió disfrazarse de odalisca y bailar una danza del vientre y que uno de sus compañeros se abalanzó sobre él y le comió a besos y toqueteos, hasta el punto que el suceso acabó a golpes y con una denuncia al Oficial de Guardia. Pero esto me lo contaron por varios sitios, por eso creo que algo habría de cierto, pero no sé hasta que punto.
Retomando la historia, unos días mas tarde de la Jura nos leyeron los destinos, y el mío fué a Red Permanente, que para mucha gente, incluso la que ha estado en Sahara resulta desconocido. La Red Permanente era (y creo que es) un Regimiento del Arma de Ingenieros pero con autonomía propia, que tenía encomendado el mantenimiento de las comunicaciones entre todas las Unidades Militares del Ejército Español. Para el Sahara, se contaba con una Compañía, con dotación principal en el Aaiun y una Sección en Villa Cisneros . En el Aaiun
disponíamos de una sede central en la Avenida del Ejercito, muy cerca de la parte trasera del cine Las Dunas y relativamente cerca del cuartel de Artillería, y dos instalaciones en las afueras, que se llamaban, con mucha originalidad, Barracón y Barracones, donde se ubicaban las antenas. Barracón tenía un solo Barracón, y Barracones dos. De ahí su nombre, como digo, muy original. Pero en el momento de leer los destinos no sabíamos nada de ello, solamente que era una Unidad pequeña, y lo que luego resultó ser un bulo, que se hacía un curso en la Península, cerca de Madrid, con palomas mensajeras. Quizá eso hubiese sido verdad en tiempos mas remotos, pero en aquellos años se apostaba por la tecnología.
Al mismo tiempo, nos dieron otra noticia: los que nos habíamos incorporado mas tarde teníamos que prolongar nuestra estancia en el BIR un mes mas, hasta después de Año Nuevo, para finalizar nuestra preparación. Incluso los que se incorporaron con mas de un mes de retraso tenían que repetir todo el campamento, así que les quedaba BIR para rato.
A mediados de mes se marcharon los compañeros a sus destinos, salvo los "repetidores", de tal forma que cada Compañía se juntó en un solo barracón, y aún sobraba sitio, en el que estábamos los auxiliares y los recién jurados, ya todos soldados. Los cabos y los primeros conservaron sus habituales alojamientos en el que tenían su pequeño chiscón en diferentes
barracones. Así pues, contando el personal destinado en el BIR y los provisionales, no creo que llegásemos a las doscientas cincuenta personas.
Así comenzó una nueva etapa, la del BIR en plan balneario. Lo dejaré para otro capítulo.
FIN CAPITULO SEGUNDO
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