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LEYENDAS
DEL SAHARA |
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Mi
amigo Francisquito Corría
1973 cuando tras varias prórrogas, me llamaron a filas y fui destinado
al desierto del Sáhara.-
Mi incorporación se hizo en Getafe (Madrid) y a primeros de Julio,
luego de tres días de estancia, volamos hacia África en las llamadas
“pavas” que no eran otro que los Junquers de transporte de la
segunda guerra mundial que aun estaban activos.- -
¡Hijos de puta!, ¿queréis que vayamos “pa” bajo?:
pues seguir yendo a cagar .-
Ni que decir tiene que a partir de la aparición del teniente,
nadie se movió de su asiento; lo que sí se movieron con toda libertad
y coincidiendo con los constantes movimientos en vaivén del aparato,
fueron los vómitos que a partir de entonces cayeron al suelo y que les
tocó recoger a los dos últimos que bajaron del avión.-
Serían tocando las doce del mediodía cuando llegamos a Aaiún,
y al abrirse la puerta del avión, el Sáhara abrió sus brazos para
recibirnos con una calurosa bienvenida de 51º C, ( a la sombra, que es
como se mide la temperatura).-
A partir de ahí transcurrieron los estipulados dos meses y medio
de instrucción en el BIR-1, al cabo de los cuales fui destinado al
Batallón de Infantería Motorizada Cabrerizas-1, nombre que hasta
cansaba ponerlo en el remite de los sobres cuando escribía a casa.-
Este cuartel situado a un kilómetro del BIR, estaba junto a la
playa por lo que dentro del entorno saharaui, podría llamarse
privilegiado en cuanto a su temperatura.-
Un sinnúmero de anécdotas teníamos todos para contar, de los
cuales sin lugar a dudas destaca lo acontecido a un personaje singular,
que se hizo famoso donde los hubiera: mi amigo Francisquito Nuviolls
Ripuch.-
Francisquito, catalán, era oriundo de Barcelona capital, con un
metro y sesenta centímetros, siempre comentó que no debía de estar
allí porque “no daba la talla”, y que estaba totalmente en contra
de lo que opinaron en su día los responsables de tallarlo.-
Enjuto, con cabeza pequeña y ojos “chino-mongoloides”, enseñaba
habitualmente una cuidada, enorme y completa dentadura que podía ser la
envidia de cualquier caballo.-
Su figura vistiendo el uniforme reglamentario, era lo mas
parecido a la “antiestética” ya que la talla que logró conseguir
de camisas, pantalones y gorra colocadas sobre su cuerpo menudo,
resultaba una verdadera aberración para la vista, si bien el lo llevaba
con gusto y orgullo por
demostrar así que “no daba la talla”.-
Pese a que ya a los tres meses de estancia en el Sáhara todos
teníamos un fantástico bronceado natural por el severo sol del
desierto, Francisquito conservaba el color pálido con el que llegó,
quizás porque utilizaba las manga de la camisa y los pantalones largos,
gorra de visera, o quizás porque normalmente se le veía poco en el
exterior, salvo en los servicios obligados que hacia la tropa.- Ni
fumaba ni bebía alcohol.-
Francisquito pasaba sus ratos de asueto pegado a su excelente
aparato de radio-cassette Aiwa oyendo música y gravando canciones de
Radio Luxemburgo, cuya emisión se oía perfectamente.- No he conocido a
nadie por aquel entonces, que supiera mas del grupo “Cream” y en
particular de su guitarrista Eric Clapton del que tenia todo lo que había
aparecido en el mercado hasta entonces: los grupos en que había estado,
los trabajos en solitario que había hecho, además de las grabaciones
no publicadas en disco pero que había captado de una emisora pirata que
al parecer retransmitía desde una plataforma petrolífera abandonada
fuera de las aguas juridiscionales de Inglaterra.- A más de uno nos
grabó toda la discografía que llevó consigo y que aun conservo.-
En cuanto a carácter, era una persona débil.- Hijo único de
padre pasteleros recibía semanal un cargamento de golosinas, leche
condensada, galletas, caramelos, etc., que hacían las delicias de
Francisquito y del que podía meter mano en el cajón de madera que
siempre tenía con cerradura echada y dos candados.- Aunque algo
enredador, no era mala persona, y a la larga y en plan casi paternal se
le tenia cierto afecto.-
Pero como en todas partes, siempre había algunos que
aprovechaban su debilidad transformándola en abuso, de forma que en mas
de una ocasión se encontró su cajón reventado y vacío.- Sin embargo
con habilidad y “sobornando” con comida y música a los del taller
del batallón, logró que le reforzaran con planchas de acero el célebre
cajón y abrirlo ya no fue lo mismo para manos extrañas, además de
atarlo con una cadena y candado a la litera.- Aquello se había
transformado en una caja acorazada; eso sí cuando salía de maniobras
por supuesto el cajón iba con él, para lo que precisaba la ayuda de
otro ya que no podía cargarlo solo.- Estos, y otros
hechos de la vida diaria militar, eran también motivo por lo
que, según decía Francisquito, no debería estar allí, se habían
pasado “un pelín” al llamarlo a filas.-
El Batallón, que en tiempos atrás había sido una prisión
militar para soldados desertores del ejercito, en la época de mi
estancia era lugar de arresto y castigo para Sub-oficiales, Oficiales y
Jefes que hubieran tenido algún percance en la península.- De esta
manera menos el Teniente Coronel Jefe y dos Capitanes, el resto de la
oficialía eran elementos de cuidado y de cuidarse .-
El Batallón de Cabrerizas-1, de planta rectangular, con los barracones dormitorios y servicios en el perímetro,
tenia un enorme patio de armas, donde las tres Compañías que componían
el Batallón, efectuaban las labores propias de la milicia, instrucción
subida y baja de bandera, cambios de guardias, etc., y en general sitio
donde al día formaban las compañías para comer, cenar y el toque de
“retreta”, que era el último acto del día donde el “Cabo
Furrier” pasaba lista antes de dormir y nombraba los servicios del día
siguiente.- Era
curioso y anecdótico que el Cabo Furrier nombraba los dos apellidos y
el nombrado debía responder su nombre y “presente”.- Pero con
nuestro amigo no era igual; al llegar a él decía: -
¡ Francisquito
¡. Y
levantaba la cabeza para mirar entre la formación y como siempre estaba
despistado o enredando, volvía a preguntar.- -
¡ Francisquito
¡. Y
tras dos o tres llamadas, este respondía: -¡
Aquí estoy, joder ¡ ................
(añadiendo luego varias maldiciones en catalán que nunca entendíamos)
Francisquito pasó una
mayoritaria parte de su servicio militar entre la limpieza el batallón,
la cocina, y en general cualquier servicio que no precisara la utilización
de armas.- Ello se debió a una orden directa del
Teniente Coronel Jefe del Batallón, no por “enchufe” ni
recomendación alguna, sino
por una prudente decisión.- A
finales de Octubre, cuando aun no llevábamos un mes como soldados, le
toco guardia a mi compañía y Francisquito fue uno de los nombrados
para tal servicio.- Las
guardias eran de veinticuatro horas en las que se cubrían dos puestos,
la entrada principal al batallón y la puerta posterior que normalmente
estaba cerrada y próxima al polvorín.- En
la entrada principal se encontraba el puesto de guardia, la barrera y la
garita, donde el soldado de guardia estaba normalmente si bien tenia
libertad para caminar una decena de pasos por la cercanía.- Esta
entrada principal estaba justo pegada a la única carretera asfaltada
que comunicaba la playa con Aaiún situada a unos cuarenta kilómetros
hacia el interior.- Junto
a esta entrada y próxima a la caseta de guardia, había una base de
piedra sobre la que se erguía la figura de una cabra, (animal que
formaba parte del paisaje del desierto y sustento diario del saharaui),
de unos dos metros y medio de altura y hecha de escayola estaba apoyada
con sus patas delanteras en una especie de risco, lo que hacía que su
envergadura fuese mayor.- Esta figura de cabra se entendía que daba
nombre al viejo Batallón de Cabrerizas-1 Alrededor
de las cuatro de la madrugada estaba próximo a concluir su cuarto turno
de guardia de la jornada.- Mientras todo el Batallón dormía, esbozado
en una manta Francisquito cumplía con la obligación de velar por sus
compañeros de armas.- Notaba el aire frío de la madrugada en el
desierto, oía al Siroco y veía lo que la absoluta oscuridad de una
noche sin luna le permitía.- De
pronto, la ráfaga larga de un Cetme rasgo el silencio de la noche.- Los
“imaginarias”, encargados de velar por la noche a la luz de una vela
los barracones, dieron la alarma y todos saltamos de la cama.- Caras
desencajadas, golpes en la oscuridad, caídas de las literas, confusión,
gritos, búsqueda infructuosa de ropa para ponerse...........- Todos
salimos al patio de armas donde una vez conectado el generador de
corriente, se encendieron las luces, pero nadie sabia nada.- La
imaginación de las masas se puso en marcha: ataque del Frente Polisario,
Ataque de los marroquíes, ataque ............ ¿Quién nos ataca? Nos
dieron orden de vestirnos y coger el armamento, si bien deberíamos
estar dentro de los barracones en espera de órdenes.- Transcurridos
unos veinte minutos la contraorden era que volviéramos a la cama a
seguir durmiendo.- Por si acaso, nadie se desvistió.- Unos echados en
el camastro miraban al techo con cara de preocupación, otros mas
relajados jugaron a las cartas y los barracones se llenaron de humo de
tabaco.- Tras
el toque de diana, como todos los días se efectuó el cambio de guardia
y estábamos impacientes para que llegaran los salientes y nos trajeran
noticias.- Francisquito
fue el primero en llegar al barracón y echándose sobre su cama, que
estaba la primera al entrar, después de taparse con la manta hasta la
cabeza exclamó: -
¡ Esto es la
leche ¡................
No hubo mas comentario por su parte, pero el resto de los compañeros
saliente de guardia nos comentaron que Francisquito había descargado
las veinte balas del cargador en la pobre cabra porque según dijo, ¡
se había movido un pelín ¡
Esa noche el Cabo Furrier luego de haber pasado lista, leyó las
ordenes para el día siguiente, entre otras una directa del Teniente
Coronel Jefe, en la que decía que el soldado Francisco Nuviolls Ripuch
sería relevado de cualquier servicio con el arma, salvo la limpieza
periódica de su Cetme para pasar revista, el cual antes de empezar a
limpiarlo, debería entregar el cargador, (por supuesto vacío), a su
Cabo.-
Por si alguien de las otras Compañías del Batallón no conocía
aun a Francisquito, este hecho le catapultó a la cumbre; digo más en la capital del territorio, Aaiún, en poco tiempo fue
renombrado en todos los cuarteles e incluso en los del interior, Smara,
Mahbes, Villa Cisneros, etc.- Creó la “leyenda del matacabras”.-
La pobre cabra nunca fue restituida.-
Pero lo que realmente dejo huella en todo el reemplazo de
1.973/74, fue el infortunio que sufrió mi amigo Francisquito a
consecuencia del contenido del anteriormente referido cajón (blindado)
y de su escasa o nula relación con el comedor.- Salvo
para tomar el café de las mañanas no pisaba el comedor, y la cantina
la utilizaba exclusivamente para comprar Coca-Cola.- Era
usual verlo a diario mientras los demás íbamos al comedor, sentado en
su cama oyendo a Cream y con el cajón entre las piernas degustando los
exquisitos chocolates con leche, con almendras, con trozos de nueces o
afrutados, las escogidas galletas rellenas de un sinfín de cremas y
delicias de frutas, las latas de leche condensada “La Lechera” que
consumía con avidez de sediento directamente de la lata, etc, etc, todo
ello venido semanalmente desde su tierra y de seguro preparado con el
amor cariño propio de su madre para su pequeño Francisquito.- Aquello
era como estar en casa..........- Esto
ocurría mañanas y tardes, para lo cual tenía que medio esconderse ya
que al menos para comer era obligatorio hacerlo en el comedor aunque
para la cena había libertad.- Fue
a mediados de Noviembre, cuando el color de la cara y lo poco que se veía
de piel de Francisquito, se tornó de pálido a verdoso.-
Notificado el Teniente médico e investigadas las causas, al
parecer llevaba casi veinte días sin ir al water y por lo visto se le
había formado un espectacular “tapón” que le impedía hacer sus
necesidades.-
El cajón fue requisado y Francisquito obligado bajo la supervisión
diaria del Sargento Revira, quien por orden directa del Teniente le
hacia sentarse en el comedor y comerse todas las verduras y frutas que
no había probado en cinco meses, amen de zumo de naranja para
desayunar.- -
¡ Se están pasando conmigo “un pelín”!.- Comentaba Francisquito,
desacostumbrado a semejantes comidas y con lágrimas en los ojos cada
vez que venía del comedor y no encontraba su cajón.-
Una semana después, aquello no dio resultado y fue trasladado al
Hospital de Aaiún.- Se contó de que le dieron purgantes capaces de
provocarle diarrea a un caballo, e incluso él mismo dijo tiempo después
que unas monjitas que iban
por el Hospital, en una ocasión intentaron con una especie de
cucharilla sacar el tapón que tenia en el ano sin conseguirlo.- Estando
próximo a los cuarenta días sin “cagar”, Francisquito volvió al
Batallón para recoger el resto de sus pertenencias.- Lo mandaban a un
Hospital de Canarias donde iba a ser intervenido quirúrgicamente.- Era
la hora de la siesta en el batallón donde normalmente había el
silencio propio del momento.- Este silencio fue roto con unos espantosos
gritos que provenían de las letrinas: -
¡ He cagado ¡,
¡he cagado!.........., ¡ he cagado ¡
Todos salimos a las puertas de los barracones, e incluso del bar de
oficiales, salieron los que a diario estaban “soplando” en ese
momento En
el Batallón como a coro se escuchó en tono de alivio: ¡
Francisquito ha cagado ¡............................ Poco
tiempo después, el célebre cajón le fue devuelto y a partir de
entonces combinó las delicias de chocolates y galletas con el rancho.- Dos
meses después, mientras las demás Compañías se trasladaban al nuevo
Batallón Cabrerizas-2, con los últimos adelantos en edificaciones
militares incluso desaladora de agua, la mí fue destinada a Bu-Craa,
donde se encontraba las minas de fosfatos y el comienzo de la gran cinta
transportadora que unía esta zona con la playa, casi cien kilómetros
de cinta...... pero esta es otra historia...... Mi
amigo Francisquito, el “matacabras y experto en Eric Clapton, quedó
en el nuevo Batallón y lo ví poco antes de licenciarnos.- Su aspecto
había cambiado considerablemente en cinco meses, ya era todo un
veterano “abuelo”, dado a gastar malas pasadas a los “putos
reclutas”.................... Fin |