Relatos José Meneses Laserna

1 - Relato 61 - A sus órdenes mi Capitán - Historia de una falla - (17-12-2009)
2 - Relato 61 - Yo no hice la mili en el Sahara. yo estuve allí - (10-02-2009)
3 - Relato 64 - Fatima M. M. - (19-03-2009)

YO NO HICE LA MILI EN EL SAHARA, YO ESTUVE ALLI
- Dos formas de estar en el mismo sitio -

Por José Menese Laserna - (10-02-2009)

YO NO HICE LA MILI EN EL SAHARA, YO ESTUVE ALLI

Siempre he considerado que mi permanencia en el Sahara, me dotó de un carácter que, o bien desconocía por no haberme enfrentado a mi temprana edad, a situaciones, digamos “límite”, o bien, fue allí donde afloro, precisamente por tener que pasar circunstancias “anormales”.

El propio echo que me dijeran que me iba al Sahara, ya desató en mi casa, temores, consejos, preocupaciones, más allá de lo que yo mismo experimentaba. Que si: “en la mili se pasa mucha hambre y tú, allí, tan sólo…”. Que “si se cogen enfermedades”. Que si “podías haber echo lo mismo que tu hermano, ir de voluntario al 20 de Guadalajara, que está enfrente de casa y te podías venir de “pernocta”, a comer y dormir en casa, ¡incluso trabajar y ganar unas pesetillas…¡¡”. Lluego, siempre había un vecino (ó vecina), que venía con el cuento a tu Madre, diciéndole: “!! pues el hijo del huevero, lleva 16 meses allí y apenas manda noticias…, qué estarán pasando los pobres…¡¡”.

Como la información que se daba de aquella provincia hermana era más bien escasa, pues lógicamente, desde el día del sorteo hasta el día de la partida, todos los de la familia se dedicaron a recabar cualquier información que tuviera algo que ver con el destino de “Pepito”, (siempre he creído que con buena voluntad y no con ánimo de “acongojar”) y consiguieron que entre todos, me hiciera un cursillo acelerado de “supervivencia” y que tomara mis medidas.

Las primeras medidas, vinieron dadas por mis Padres: “tranquilo Pepito, ya que has estado dando siempre el sobre en casa hasta tu partida, nosotros nos encargamos de que no te falte dinero durante tu servicio militar, y cuenta para tus gastos con dos mil pesetas mensuales, de las cuales, sabemos que aras un buen uso…”.

Asimismo, mi Madre se enteró en correos, cuanto se podía enviar y cómo, de los paquetes de comida que ella misma preveía me harían falta, (dado que aquí, en la Península, en el cuartel de mi hermano, no se comía muy bien y entendía que allí debía de ser peor..”.

Una costumbre que tenía muy arraigada, era la lectura del periódico “Levante” durante la semana (menos el domingo, que leía “Pueblo”) y que mi amigo Martín, se encargo de suscribirme y que aunque lo recibía muchas veces de siete en siete días, (por el barco todos juntos), me venían muy bien para estar al día de lo que ocurría en la Península.

Dicho lo cual, mi marcha hacia el servicio militar estaba impregnada de precauciones, recelos y el ánimo de no destacar para nada, pasar lo más desapercibido posible, “escaquearme”, no meterme en “berenjenales” y no presentarme voluntario “ni para comer paella”, (según consejo de mi Padre).

Después de las peripecias del viaje, (común a todos), mis primeros “pinitos para pasar desapercibido, participando en la construcción de una falla”, acabando la instrucción en el campamento con un “curso acelerado de instrucción”, (dado el “escaqueo” evidente), y fiel a mis ideas y precauciones, para cumplir el cometido asignado por la “superioridad”, que era ser artificiero del polvorín de Villacisneros) , “aparezco” por el Regimiento Mixto de Artillería del Sahara como agregado a la tercera batería a realizar dicho cursillo, y, curiosamente, durante el primer mes de cursillo, el único asistente fui yo (sin siquiera tener oficiales que guiasen tan preclara predisposición militar) y que me dio tiempo a ver que aquello de que me habían imbuido, no era cierto.

Se comía de maravilla, ( a partir del día 15 de cada mes, en el comedor había “extras”), todos los días nos daban el sobre, la carta y el sello para escribir a nuestra familia, así como el famoso paquete de tabaco; “Artilleros” (elaborado especialmente para los artilleros de la Agrupación Mixta del Sahara), todos los días teníamos cine en el salón de actos (como el cine Novedades de mi pueblo, sin pagar ni acomodador, y me “chupé” todas las de Antonio Molina, Juanita Reina, Alfredo Mayo, toda la filmografía de los Ozores y Tarzan de los c…”), la piscina estaba abierta a los “escaqueados”, una biblioteca estupenda y lo más importante, sin obligación de guardias, imaginarias ni servicios. ¡! Un chollo ¡¡. A todo esto, hay que decir que una cena en la cantina, costaba dos perras, una botella de chivas, más que la coca-cola y descubrimos que una coca cola, puede durar lo que dura la botella de chivas y una partida de ajedrez hasta las seis de la mañana, sin olvidar, a mi “compañera Lolita”, (la guitarra que se me envió desde Valencia para la rondalla fallera).

Con estos antecedentes, dispuse a mis padres que no me enviasen dinero (pues la verdad, no se necesitaba, y allí cobrábamos más que en la península, además, nos pagaban el agua), y me dedique a la vida “contemplativa”. El capitán de la 3ª, se había marchado de vacaciones y yo, fiel a mis principios, me apuntaba a cualquier relación que tuviera que ver con el buen vivir y el mejor estar. Partidas de ajedrez interminables, sesiones de guitarra hasta las tantas…El cursillo de artificiero iba viento en popa, es decir, sin mayores complicaciones ni obligaciones.

Como veis, no era mala mili. Simplemente empecé a darme cuenta que las cosas no eran tan fáciles para todos, cuando recibí una noticia de un compañero que estaba destinado en Tropas Nómadas de Smara, (ya sabéis, aquellas famosas cartas que escribíamos “de soldado a soldado, paga el estado”) en la que me informaba de su buen estado, “a pesar de lo duro que es el territorio”.

A los pocos días, el Teniente Sastre, (gran persona), al mando de la batería, me dice que tiene que hacer una salida a Smara a topografiar y que se marchaba con unos soldados nativos de nómadas y que si quiero conocer “aquello”, “total, es una semana que se pasa pronto”. Fiel a mis principios de no meterme en “berenjenales”, voy y le digo que SI.

Allí fue donde me di cuenta en las dos clases de servicio militar que hacíamos, unos y otros, en función del destino que la superioridad nos había designado.

¡! Que diferencia ¡¡. Mis compañeros, desperdigados en el desierto, no tenían a mano unos mínimos de confort, durmiendo muchos días a la intemperie y bregando con animales que hasta su llegada al Sahara, solamente habían visto en los zoológicos. Cargando con armamento, y sobre todo, expuestos realmente a peligros con bandas insurrectas (y esto que estoy contando, fue después de los sucesos de junio del 70, pero nada que ver aún con los dos últimos años de la “salida”¡¡).

Sujetos a unas condiciones climatológicas , también muy diferentes, por las diferencias de temperaturas, sirocos, trabajando en unos terrenos desconocidos de sus peligros y con muchas carencias y sobre todo, llevando dichos cometidos con una dignidad y valor DEMOSTRADO.

(A partir de dicho día, me dio un poco de vergüenza la diferencia entre unos y otros) Por eso, a la vuelta de mi servicio militar, a los que me preguntaban que tal me había ido, siempre respondía: “yo no hice la mili en el Sahara, yo estuve allí…” ( esto lo digo, en reconocimiento a mis propios compañeros que SI la hicieron). ¡¡ Bravo por vosotros !!

José Meneses Laserna  - Fallero en el BIR N1. 3ª Compañía. Artificiero con destino en Villa Cisneros.
Artillero antiaéreo en la Agrupación Mixta de Artillería del Sahara. 3ª Batería. Saharaui de corazón.
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