Mis recuerdos del Sáhara 
Por José Gómez Melero

Mis recuerdos del Sáhara

Vaya por delante el pedirles disculpas, ya que no soy ningún “académico”, por las incorrecciones que hubiera cometido, al redactar estas vivencias, tan importantes en la vida de aquellos que tuvimos que salir de la península para hacer la “mili”, y desembarcar en lo que se llamo África Occidental Española y que de manera tan vergonzosa abandonamos a su suerte.
El motivo no es otro que colaborar con el amigo Juan Piqueras, en esta tarea de llevar adelante esta página, que si colaboramos con él le será mucho mas fácil, por eso me atrevería a pediros que una vez que leáis este relato, y que este os refresque la memoria cogéis papel y lápiz y escribís aquello que os venga a la memoria. No es necesario que mandéis un “rollazo”como el mío, se trata solo de unas líneas que por pocas que sean seguro que sirven para que alguien recuerde algo, y ese alguien también recuerde y se ponga a escribir y así entre todos mantengamos vivo el recuerdo, hasta que un día no muy lejano, podamos volver a pisar esa tierra, que tan profundo recuerdo dejo en nosotros, que tuvimos la suerte de conocer, y que (al menos en mi caso) cuando me faltan tres días para cumplir los sesenta, estoy seguro que no olvidaremos.
Capítulo 2 Capítulo 3

Capítulo 4

Capítulo 5

 
Cápitulo 1

Corría el mes de noviembre de 1965, cuando se celebra el sorteo de los mozos, en el que yo estaba incluido, por la mañana muy temprano, junto con otros mozos, fui a ver el sorteo.
La cantidad de mozos que allí nos dimos cita, hizo que nuestra posición quedara muy distante de ser un buen sitio, pero bueno de allí no nos íbamos a ir sin saber donde nos había tocado, lo único que pude oír por megafonía fue el número de la bola, el 1022.
El número en cuestión a mi no me decía nada porque yo no sabía que número era el mío, por lo tanto intriga, intriga que empieza a ser preocupante cuando por los altavoces anuncian que dicho número es el numero uno que va para África, pero sigo sin aclararme.
Como mi apellido es Gómez o sea empieza por la “G” mis temores se afianzan mas si cabe, cuando dicen el nombre del mozo al que correspondía dicho número, y que ahora mismo no lo recuerdo, sólo sé que empezaba por la “G” no se si era García, o Garrido o Gaviño, bueno el que fuere, yo sabía que por orden alfabético yo iba detrás de él y además no muy lejos, por lo que empecé a pensar que ya me veía en África.
Como aquello no se desalojaba tan rápido como yo quería no me quedaba otra alternativa que empujar para abrirme camino hasta llegar a las pizarras. Por fin llego a donde están las pizarras, y me busco en la pizarra ,me busco y me encuentro, Gómez Melero José numero de la lista 1102, no me lo quería creer, por pocos reclutas que fueran para África seguro estaba que yo sería uno de ellos. Del grupo de mozos que me acompañaban todos se quedaron en la península, todos menos yo claro, yo era el único privilegiado que iba “pa”África.
Yo la África que conocía era las provincias de Ceuta y Melilla así que pienso, bueno de todas forma no voy tan lejos, total Ceuta y Melilla están ahí mismo (teniendo en cuenta que soy de Sevilla) y empiezo a conformarme.
Cuando ya mis carnes se van haciendo a la idea, viene un amigo y me dice “paisano onde ta tocao” y le digo pues donde crees tu que me ha tocado pues a África, pero donde ¿Ceuta, Melilla o al Sahara? Y le digo para, para el carro ¿el Sahara ese que tu dices es el desierto? y me dice si, y le pregunto pero los soldados españoles van al desierto del Sahara, y me dice, si 

En aquel momento no sabía lo de la ley de MURPHY, que si algo tiene que ocurrir no te preocupes que ocurrirá, pero ahora si la conozco y es verdad porque ocurrió, no quería ni ir a averiguarlo así que le di mi nombre y número y lo averiguó y ocurrió lo que tenía que ocurrir que Gómez Melero José estaba en el tercer reemplazo del Sáhara.

La primera en saberlo fue mi novia (hoy mi mujer) que no daba crédito a lo que le decía, le paso lo que a mí, lo de Ceuta y Melilla, vale pero el Sáhara no entraba en los cálculos no lo sabía.

Fueron momentos de tensión afloran lágrimas, nos quejamos de la mala suerte, pero como no hay mal que cien años dure, pues la cosa la admitimos como había llegado y empezamos a hacer planes para cuando acabara la “mili” casarnos y como alguien con mas experiencia nos dijo no pensar en lo malo por venir, sino en lo bueno del presente, al fin y al cabo el tercer reemplazo tardaría unos meses en venir.

Pero la “cosa” estaba ahí no la podíamos olvidar por mas que quisiéramos. Y se nos ocurrió una idea, ¿cabría la posibilidad de que me pudiera ir en el primer reemplazo en vez del tercero? O sea que afrontamos la situación de la mejor manera, con idea de acabar lo antes posible. Anduvimos los pasos oportunos hasta que lo conseguimos.
En vez de irme en el tercer reemplazo me iría en el primero.

Y llego el día de la incorporación a fila, nos citaron creo que a las siete de la mañana en la estación de Cádiz de Sevilla y salimos en tren no se a donde pero salimos temprano y fuimos recogiendo reclutas por muchos sitios y el tren cada vez mas lleno.

Aunque yo no llevaba apenas dinero (.soy el segundo de ocho hermanos), aunque no llevaba gran cosa, había sido advertido por mis padres antes de salir, cuidado con lo que te puedan robar, que en esos sitios hay gente de todas clases, no pierdas de vista lo que te puedan robar, y era lógico que llevara siempre esa preocupación, era la primera vez que salía de casa y nada menos que para tantos meses.

Y ocurrió, o mejor dicho estuvo a punto de ocurrir, lo que tanto mi familia como yo temíamos.
Ocurrió que cuando el tren pasaba por algún sitio que merecía la pena ver, o simplemente llegábamos a una estación, la gente, entre ellos yo, acudíamos a las ventanillas del tren para mirar por ellas .Como quiera que ello ocurría con frecuencia, y en cada ventanilla nos agolpábamos mas de los que podíamos mirar, pues siempre estábamos los que cogíamos ventanilla y los que simplemente empujaban para ver pero siempre desde las filas que se formaban detrás.
Rápidamente pensé en el peligro que esa situación suponía, y me eche mano a la cartera que ya estaba mas fuera que dentro del bolsillo del pantalón.

Aquella situación supuso un sustillo, no por lo que hubiera podido perder en ese momento, sino que empezaba a pensar que con que gente tendría que convivir durante tantos meses, esa era mi preocupación en el resto del viaje hasta que llegamos a Algeciras sobre las nueve de la noche, el que quiso fue a cenar, y el que no, como yo, pues a prepararse para dormir.

Estando en cuartel de transeúntes buscando una litera libre para pasar la noche, me aborda uno, que me dice, paisano ven que tengo dos literas juntas, para que no te quedes sin cama que man dicho que han llegado muchas gentes y no hay literas para todos. Al principio le creí y me fui con el, pero mientras caminábamos hacia donde decía me fui recordando aquella cara que había visto antes pero que de momento no sabia de que lo conocía, hasta que me acorde de él, era uno de los que estaban detrás mía cuando me quisieron robar la cartera en el tren. así que nueva preocupación que tenia que resolver y resolví, me dice, paisano ¿vamos a cenar o que? Le digo ve tu yo no tengo ganas y mientras yo cuido que no nos quiten las literas, momento que aproveche para darle el esquinazo, y aunque me buscó, me aproveche de la penumbra de donde nos habían alojado y no me encontró.

Ni que decir tiene que no dormí en toda la noche, dándole vueltas a la cabeza con la preocupación de que en la casi total oscuridad en que se hallaba la nave-dormitorio en la que nos habían alojado, me fueran a dar el susto de quitarme algo. Puedo asegurar que yo cuando dormía dormía de verdad o sea que me podían quitar hasta la ropa que llevaba puesta y no me despertaban.

Reconozco que no todo era preocupación, también venia a mi mente, mientras me estuve despierto, que al amanecer, cuando me llevaran al puerto para embarcar, se cumpliría uno de mis deseo, ver el mar, que ha pesar de tenerlo tan cerca, tan solo vivía a cien km, no había tenido tiempo de conocer.

Cuando por fin amaneció y nos pusimos en marcha caminando hacia el muelle, pensaba si seria el mar como yo había pensado, aunque como yo lo había imaginado de mil maneras, seguro que seria como yo lo había pensado.
Y por fin el mar, lo tenia a la vista, y era por lo que la vista me ofrecía mas o menos como yo había pensado, y digo por lo que la vista me ofrecía porque lo que la vista no me ofrecía era la grandiosidad, eso ya lo descubriría mas adelante camino de Tenerife que fue la primera etapa antes de llegar a cabeza playa que era el destino para después llegar a El Aaiun.

El barco que nos llevo al Sahara, no era un barco muy preparado para esa travesía como pude comprobar por los comentarios de otros compañeros, que por su vinculación con el mar sabían más que yo de estos temas.
El barco en cuestión creo recordar que se llamaba VICTORIA-ALGECIRA o VITORIA-ALGECIRA. En definitiva, que era uno de esos barcos que se utilizaban para la travesía del estrecho, con una gran bodega que se utilizaba para la carga de vehículos, y allí en un mar de colchonetas de paja ,pues nos teníamos que “buscar la vida”para que la travesía fuera lo mas “cómoda “posible.

Y llego el momento de la verdad, rugen los motores, el barco empieza a moverse y empieza la maniobra de salida del puerto y empezó a alejarse de tierra firme, y empieza la cabeza otra vez a funcionar, a darme vueltas y a pensar la novia, la familia, el mar, si el mar, el mar seria la preocupación constante durante todo el viaje, no en balde, a pesar de mi juventud ya había estado a punto de ahogarme dos veces, una en el Guadalquivir y otra en un canal de riego cuando era muy pequeño, así que pánico al mar, como para no pensar en lo que se venia por delante.

De pronto, aún no habíamos salido de puerto, uno de los reclutas empieza a cantar por cierto muy bien, y no había otra canción que reflejara aquella situación con más realismo que El Emigrante de Juan Valderramas. Aquellos momentos son de los dos que no se me olvidaran, el otro lo relatare mas adelante, en la segunda entrega de este relato.
Fueron momentos muy fuertes, no solo para mi sino también para muchos de los que presenciamos aquella escena, que aunque me quería hacer el fuerte, ah duras penas lo conseguía, pero confieso que no lo conseguí, cuando en su cantar dijo aquello de “cuando salí mi tierra volví la cara llorando”aquello fue un drama que cada uno queríamos disimular para que no se nos notara la situación por la que estábamos pasando, situación a la que hoy, cuando me faltan días para cumplir los sesenta, me llegan a la mente los recuerdos con tanta claridad, que he tenido que parar de escribir unos momentos porque se me a empezado a nublar la vista producto de ese recuerdo, que junto con otro que como he dicho relatare que son los que me acompañaran, creo yo, mientras viva.
 Aquí termino la primera parte de mi relato, que puede tener su continuación, si a las personas que lo lean les parece bien, pero tendría que tomarme un tiempo, porque por delante tengo la tarea (hasta ahora he escrito de memoria) tengo la tarea repito de leer las mas de 340 cartas que mande a mi novia (hoy mi mujer) para que me puedan refrescar la memoria y errar en lo menos posible.

José Gómez Melero 
pepingm@hotmail.com

Pasar al capitulo 2