Mis recuerdos del Sáhara 
Por José Gómez Melero
pepingm@hotmail.com

Capítulo 1

Capítulo 2 Capítulo 3

Capítulo 4

 
Capítulo 5

Amanece el 15 de diciembre cuando el barco llega a la playa de El Aaiun, esta vez no había que desembarcar saltando a los anfibios, en esta ocasión tendieron una red desde el barco y bajamos al mas puro estilo pirata. Llego al cuartel y me incorporo a mis tareas de pintura y demás obligaciones de servicios.

Lo de la guardia del Cuartel General sigue sin funcionar, se había licenciado el corneta y seguía dando problemas. Así que la solución que le dan es ponerme fijo para esa guardia librándome de otros servicios, total una guardia cada cinco días tampoco era una tarea muy pesada. Pero claro la mili es la mili. Una noche cuando nombran los servicios para el día siguiente me nombran guardia para mi cuartel, voy a buscar al furriel para decirle que estoy rebajado de guardias por estar fijo en la del Cuartel General, y me dice que si que esta muy bien, pero que el teniente le había dicho que no nombrara guardia a ningún cabo de mecánica porque todos tenían que trabajar en la puesta a punto de los camiones, teníamos una revista del general y como de pintura estaban todos perfectamente pues los mecánicos a trabajar y yo a la guardia.

Pero ahí no acaba la cosa, mientras estaba de guardia viene un paisano y me dice que me han nombrado guardia otra vez para el día siguiente. Voy a buscar otra vez al furriel y antes de que le dijera nada me dice, ¡yo no quiero saber nada ve y habla con el teniente! Y fui, y me dijo que hacían falta mecánicos, y que como yo no era pues a seguir con la guardia. Así que 48 horas de guardia un día de descanso y guardia al Cuartel General al día siguiente.

Antes de ingresar en la mili había oído a amigos míos hablar de este tema de las guardias, y por lo visto ellos o no hicieron o fueron pocas las que hicieron, todos habían estado enchufados y estuvieron libres de hacerlas. Pues bien yo hice 52 nada menos, y eso que estuve un mes de cocina y 25 días de viaje a la península. Y para mayor “gloria”las dos últimas las hice cuando ya había entregado la ropa militar y andaba ya de paisano esperando el barco. Hago la reclamación al oficial de la compañía y la respuesta fue, ”mientras duermas dentro del cuartel tienes las mismas obligaciones que los demás, si no tienes ropa la pides prestada”

A estas altura de la mili, con un año ya de siroco y teniendo ya la licencia algo mas cerca las cosas se ven de otra manera, digamos mas optimista, mas desenfadada y a algunas obligaciones le daba un tratamiento menos riguroso del que le correspondía.

En una palabra, el Pepín militar, serio, y cumplidor a rajatabla de sus obligaciones, estaba dejando paso casi sin darme cuenta a ese otro Pepín que llevaba dentro al que un día le apagaron la sonrisa cuando le dijeron que se tenia que irse al Sahara dejando atrás, y tan atrás, a sus seres queridos.

Pero esa actitud tan gratificante era un arma de doble filo, y había que manejarla con mucho cuidado, porque el ejército no es la vida civil, es algo mas serio.

Del calabozo llevaba una idea lo mismo que de las guardias, o sea lo que los amigos me habían comentado y poco más. Era algo que había que evitar, algo que influía muy negativamente en tu expediente militar y que podía tener efectos negativos incluso en la vida civil para según que colocaciones se te presentaran. Pero eso, en el Sahara era diferente, los más negativos decían que estábamos en el calabozo desde que desembarcamos en el BIR hasta que nos licenciamos. En cambio los más optimistas decían que se estaba mejor en el que fuera porque allí estaban libres de algunas tareas que estando dentro no tenían que realizar.

Pero eso me llego la hora de poderlo comprobar por mi mismo, fue breve pero estuve allí dentro.

Ocurrió una tarde-noche cuando formaba la tropa para ir a cenar, la gente estaba con ganas de guasa se empujaban unos a otros y no había manera de que guardaran la compostura en la formación. A mi me contagiaron la guasa y les dije algo, no recuerdo que, y soltaron una carcajada que complicó mas las cosas. En ese momento siento una mano en mi hombro, me vuelvo y era el oficial de guardia que me dice; cabo lo que has dicho es muy gracioso se han reídos todos, incluso yo pero cuando acabe la cena coge la manta y te vas al calabozo.

Y me fui a dormir al calabozo aquella noche cumpliendo la orden dada. Pero no me quedo claro si debía dormir solo aquella noche o debía estar allí mas tiempo, la orden era coge la manta y te vas al calabozo. Al día siguiente me levanto con la duda pero decido quedarme, ya vendrán a buscarme pensé. Y así fue, a media mañana viene a buscarme el suboficial de talleres, le explico lo que me pasa y va a ver al teniente.

De vuelta me dice: cabo el teniente dice que solo era para una noche, lo que pasa es que tú con tal de no trabajar eres capaz de estar toda la mili que te queda en el calabozo, desde luego que verdad es que los andaluces la mayoría sois uno vagos.

Una contestación rápida hubiera traído para mi serias consecuencias, pero aquello no podía quedar sin respuesta. Y le conteste: con el debido respeto señor, usted me a calificado de vago partiendo de que soy andaluz, yo en cambio sin saber de que parte de España es usted también lo tengo calificado aunque no se lo voy a decir por respeto. Dicho esto pongo todo el cuerpo en tensión esperando cuanto menos un tortazo. Pero no ocurrió tal cosa, no se si no captó el mensaje o lo dejo pasar, después de todo este hombre no era mala persona. El caso es que insistió, ahora con media sonrisa en que los andaluces éramos unos vagos, los catalanes eran unos tal, los gallegos unos cual y como la situación dejo de ser tensa y parecía caminar por buen camino me permití preguntarle: y los de la “Pequeña Siberia” que tal son? Esos son los mejores, pero bueno no decías que no sabia de donde era yo?, lo siento pero no me acordaba.

Este no fue solo el único incidente que tuve con este señor y además sobre el mismo tema. Anteriormente me propuso que pintara en mi tiempo libre algunos coches de algún que otro mando intermedio y que me podía ganar unas pesetas que me vendrían muy bien. Pero yo le dije que no, que yo pintaría los vehículos militares y porque no tenia mas remedios. Y me contesto: ah perdona no me acordaba de que eres andaluz y a ti eso de trabajar como que no te va mucho, porque no tomas ejemplo del gallego que esta contigo en el taller que lleva ya tres coches pintados. Por supuesto que estoy tomando ejemplo le digo, el gallego lleva tres coches pintados pero aun no ha cobrado ninguno, y por el tiempo de mili que nos queda me da la impresión de que nos licenciamos y no los cobra.

Cuando ya se han marchado los reemplazos anteriores y es el tuyo el que esta en puerta las noticias de radio macuto sobre la fecha de la licencia las recibes de otra manera, con mas alegría cuando te lo comunican pero también con mayor desilusión cuando compruebas que no eran ciertas que era un matutazo. En el caso concreto de mi reemplazo desde finales de enero ya nos estábamos marchando en breve. Que si viene un barco cargado de camiones y en ese nos vamos, que si en la península se licencian el día tal. Que si me lo ha dicho un amigo que su padre es militar de no se donde.

El caso es que cualquier noticia la daba por válida y crecían las ilusiones aunque fuera por unos días. Cuando esta empezaba a perder credibilidad llegaba otra y vuelta a empezar.

Todo este barullo de macutazos generaba un flujo de dinero hacia el Sahara nada despreciable. Cada vez que se anunciaba una fecha una gran parte de los afectados pedían dinero a casa para llevar algún regalo, ya que allí estaban los artículos mas baratos sobre todos los de bazar, alfombras, tapices, relojes, paraguas colchas e incluso el tabaco y después cuando se comprobaba que la fecha no era válida y la mili se alargaba algunos tenían que revender lo comprado para poder llegar a fin de mes como suele decirse.

A veces llegue a pensar que estos macutazos procedían del sector del comercio del lugar ya que era en definitiva la parte receptora de ese dinero que periódicamente les llegaba y que no podían esperar a su fecha natural, cuanto antes mejor deberían pensar.

Hubo otros acontecimientos en los que yo no estaba implicado pero que fueron conocidos por todos por boca de los propios protagonistas.

En un convoy con destino a Esmara una cuba cargada de gasolina empieza a fallar de motor, se detiene la comitiva para ver el fallo del motor y cuando ven que tiene solución el jefe que mandaba el convoy manda continuar dejando con la cuba el chofer, un mecánico y un nativo que en todo caso serviría de guía. Una vez solucionado el problema la cuba se puso en marcha para llegar a su destino antes que cayera la noche, pero con la caída de la tarde y cuando el suelo te parece que esta llano, el camión después de coger varios baches seguidos volcó y apenas habían salido de la cabina sus ocupantes se incendió. Se retiraron a una distancia prudencial y no pudieron hacer otra cosa que contemplar el espectáculo de la cuba ardiendo. Hasta que de pronto suenan unos disparos y se ponen a cubierto. A cubierto quiere decir en la situación en la que estaban, hacer un agujero en la arena para meter la cabeza. La confusión duro poco tiempo, hasta que cayeron en la cuenta de que los disparos no era otra cosa que las llamas habían alcanzado a los cetmes y la munición que iban en la cabina del camión.

Mientras en Esmara empezaron a preocuparse por la tardanza y gracias a la columna de humo que desde allí se divisaba comprendieron que algo ocurría y fueron a recogerlos.

Hasta aquí el accidente se saldaba con perdidas materiales y algunas magulladuras de las personas que lo sufrieron, pero hubo otras consecuencias que tubo que sufrir el conductor del camión personalmente y era que cuando llego la hora de licenciarse, nosotros nos vinimos a casa y el se quedó allí porque no le compensaba venirse licenciado y volver días después para celebrar un juicio por la perdida del material militar que se había perdido en el incendio.

Hubo otro juicio que conocimos por boca de sus protagonistas. Eran dos paisanos que aparecieron un día por el cuartel, que se habían licenciado hacia diez meses y que los habían mandado llamar para asistir a un juicio en calidad de testigos por un suceso relacionado con la gasolina suministrada a los vehículos militares, al parecer había una diferencia entre el debe y el haber y supuestamente estaban implicados algunos vehículos particulares.

Hubo otro accidente que también pudo haber alterado la fecha de la licencia del conductor de otro camión. Este conductor en un convoy embistió por detrás con el camión que llevaba al land rover que iba delante que se atascó en la arena y no pudo hacer nada por evitarlo. A este compañero lo tuvieron hasta ultima hora con la incertidumbre de si se venía o no se venía con nosotros, al fin lo pudo conseguir y se vino.

Ocurrió un suceso que se puede calificar como milagroso, por que podía haber tenido consecuencias irreparables, y que por fortuna no paso del susto. Al cuartel de automovilismo venían desde los diversos cuarteles algunos soldados para hacer cursos de formación profesional, mecánica, electricidad, soldadura etc. Había en estos cursos mayoría de legionarios, lo cual era muy normal, tenían muy claro que si habían de estar allí tres años o mas pues seria bueno aprender un oficio o perfeccionar el que tuviere.

Pues bien, uno de estos cursillistas, legionario por más señas, estaba deseoso de tener un colgante al cuello que consistía en un proyectil de bala con un cordoncillo a modo de gargantilla. Pero tenia un problema, no sabia como separar el proyectil del cartucho y no se le ocurrió otra cosa que sujetar la bala en el tornillo del banco de trabajo, y con un punzón y un matillo accionó el mecanismo explosivo y la bala se disparo como si de un cetme se tratara. Podía haber ocurrido una desgracia ya que el taller estaba muy concurrido en ese momento, pero por suerte no ocurrió nada, el proyectil se empotro en la pared y al final quedo chafado y no le sirvió para lo que pretendía.

Otro incidente con arma y munición de por medio me tuvo toda la noche en vela. Estando de guardia en el Cuartel General una noche ya de madrugada se oyen disparos, era una ráfaga que aunque se había oído muy lejana no por ello había que despreocuparse. Así que levante al resto de la guardia y nos pusimos delante de la puerta del cuartel a esperar a ver que pasaba, pero de momento no se ve nada anormal, silencio total y nadie por la calle, pero una cosa era cierta, había sonado una ráfaga, y si hubiera que estar allí toda la noche pues allí estaría. Pocos minutos después empieza a haber movimientos de coches militares algunos a gran velocidad, y me dije ¡ya esta aquí el lío! El lío estaba en frente del cuartel al otro lado de la plaza, justo donde vivía el gobernador militar del Sahara, estaba distante de mi como 100-150 metros. La poca iluminación que había en ese momento no me permitía ver lo que estaba pasando, solo pude apreciar algunos soldados de la policía y legión bajarse de sus respectivos vehículos con mucha rapidez y poco después desaparecieron todos y volvió la calma y el silencio. No pude enterarme de la que había pasado ó estaba pasando pero por si acaso mantuve la guardia en alerta hasta por la mañana, a pesar de las protesta de algunos que decían que ya había pasado todo y que lo mejor era dormir.

A la mañana siguiente vienen a relevar la guardia, en esta ocasión era la de intendencia, y el cabo venia enterado de lo que aconteció aquella noche. Según me dijo esa noche un nativo se introdujo en el cuartel de intendencia saltando la tapia trasera, según parece con intención de robar, la guardia del cuartel no advirtió la presencia de este supuesto ladrón, pero unos metros mas allá del cuartel había un fortín que estaba guardado por la legión, y fue este legionario el que vio el salto del intruso y lanzo la ráfaga que habíamos escuchado durante la madrugada. El intruso al oír los tiros y ver que le han descubierto emprende la huida, pero como le habían disparado por el lugar donde había saltado, pues emprende la huida atravesando el cuartel en dirección a la puerta principal.

Allí se encontró con el guardia de puerta que estaba tratando de recordar lo que había que hacer para poner en marcha el cetme y llego le pego un empujón y lo tiro al suelo, emprendiendo la huida hacia el pueblo y allí lo detuvieron.

Hubo otro incidente que también me cogió allí de guardia, pero este fue mas pacifico.
A media mañana empiezo a notar que hay mas gente de lo habitual en la plaza, además se notaba que no eran los de siempre, estos se veían mejor vestidos eran como gente más importante, además se saludaban muy efusivamente. Cuando ya vi que aquello no era normal, que ya eran muchos los allí concentrados, pase la información al responsable competente del Cuartel General y salieron varios jefes a dialogar con los nativos, pasó una comisión de los manifestantes al interior y estuvieron un buen rato dentro, mientras los demás esperaron fuera. Salió la comisión y se marcharon todos volvió la tranquilidad a la plaza y también a la guardia porque no decirlo. Por la tarde busque información para saber el motivo de la manifestación y no era otro que los nativos estaban demandando mayor participación en los asuntos municipales de El Aaiun ya que al parecer la administración española dominaba esta parcela de poder y ellos o no tenían participación o tenían muy poca y ellos querían tener mas.

No quisiera que se me olvidara hacer mención al servicio de correos de aquellos años, al que quiero felicitar por el buen funcionamiento en la llegada de las cartas y paquetes, aunque de estos no fueron tantos. Aunque al principio de estos relatos hablo de 340 cartas, tengo que rectificar, porque después de la búsqueda y recuento son 401 las que mande a mi novia y 392 las que ella me mando a mi, o sea que de las casi 800 cartas que nos mandamos tan solo se perdieron dos una en cada dirección. Una de estas cartas la podéis ver en: álbum personal de fotos José Gómez Melero de esta página.

Pero por si fuera poco lo que escribía, también lo hacia por encargo, si, no es broma.

En el último reemplazo que se incorporó al cuartel venia un soldado que era de raza gitana y no sabia leer. Una tarde cuando reparto el correo le llega una carta, la recoge y se retira como hacíamos todos, hasta ese momento nadie sabia que no sabia leer y vino a verme y me pidió que hiciera el favor de leérsela, se la leí y me ofrecí a contestársela a lo que me contestó que sí, y así fue como me convertí en escribiente de este hombre, que dada la vida itinerante que llevaba, al ejército español le costó trabajo localizar pues llego con retraso ya que tenía 25 años cuando los demás andábamos por los 21-22.

Quizás sea esto lo más importante que había hecho en la mili hasta este momento…….

José Gómez Melero
pepingm@hotmail.com