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Mis últimas horas en Las
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Hoy, 1 de Enero de 2.008, hace exactamente 32 años de la vuelta de mi Servicio Militar en el Sahara. Eran
las seis de la mañana, cuando el buque de la Cia. Transmediterránea,
Juan March atracaba en el puerto de Algeciras. Atrás quedaban doce
meses inolvidables en mi vida. Por delante toda una nueva vida.
Mucha alegría. Mucha ilusión. El reencuentro con parte de la
familia, que nos recibió en el puerto. El posterior desayuno, en el Mesón
de Sancho. Las impresionantes vistas del Estrecho de Gibraltar. Y mi
tierra, la provincia de Cádiz. Como
ya he contado en el relato, “Un desierto en mi vida”, mis últimos
meses transcurrieron en el Cuartel de Mata, donde fui destinado como
miembro de la Representación del Sector del Sahara. Allí, en Las
Palmas nació mi segunda hija. El primero hijo, nació en Málaga, donde
viví varios años, primero por razón de estudios y posteriormente por
mi primer trabajo. Mis
últimas horas, en Las Palmas, también tuvieron algo de incertidumbre.
Seguía trabajando en los pedidos y hojas de embarque, en la
Representación, aunque como cuento en mi relato, ya había entregado
ropa y munición en el Cuartel de Ingenieros de La Isleta, en Las
Palmas. Esperaba la vuelta de mi compañero que, de forma no oficial,
pasaba unos días en Córdoba, su tierra. Por fin conseguimos billetes para el nuevo buque JJ Sister, gemelo del Manuel Soto, ferrys que empezaban a cubrir la línea Cádiz Canarias. Nuestros billetes eran, si mal no recuerdo, para el domingo día 28 de Diciembre por la noche. Yo, en la península, tenía un Seat 124, por lo que conseguí que me mandaran el coche, cuando fui destinado a Las Palmas. Así que aquel día, dejamos nuestra pequeña vivienda y todos al coche. Siempre que veo a nuestros vecinos marroquíes, viajar desde Europa a su tierra, recuerdo mi vuelta de Canarias a Cádiz. Al
ser domingo, tuvimos que pasar por una farmacia de guardia para comprar
papillas, pañales, etc. que necesitarían nuestros hijos en él vieje.
A las doce de la noche, todo listo, en el puerto de Las Palmas, para
embarcar. Pero..... No podía ser tan fácil. Una
pizarra puesta en la oscuridad del puerto, indicaba que el JJ Sister, en
su viaje inaugural, había sufrido una avería en su portalón trasero.
Se suspendía el viaje y los pasajeros podían utilizar, al día
siguiente, el buque Juan March, pero en este caso no iba al puerto de Cádiz,
su destino Algeciras. Por tanto, tirados en el puerto, con el coche
repleto y sin barco. A
esa hora, solo pedirle el favor al administrador de nuestra vivienda que
nos dejara dormir esa noche. El coche estaba completamente lleno de
equipaje, por lo que tuvimos que buscar un garaje. Y, resignación, ¿qué
otra cosa podíamos hacer? El
lunes día 29 de diciembre de 1975, nuevamente en el puerto de Las
Palmas. En este caso ya se encontraba preparado el buque Juan Marsh.
Muchas personas dispuestas al embarque. Entre ellas, un joven teniente
de aviación y su mujer. Eran vecinos de nuestra casa y nos pidieron el
favor de que le embarcáramos su coche. Lo traía para la Península. El
envío de vehículos, al menos en aquellas fechas, entre las Islas y la
Península era caro y complicado. Más fácil era viajar como pasajero y
llevar automóvil. Así que este teniente sacó un billete, como si
viajara en el barco, con coche, pero solo embarcaba este último. Como
se tenía que presentar en Gando, me dejó las llaves para que le
embarcara el coche, cosa que así hice y, en Algeciras, vendría un
familiar a retirarlo. Todo salió a la perfección. Los
días 30 y 31 de Diciembre transcurrieron en una placentera travesía.
El jueves día 1 de Enero de 1976 llegamos al puerto de Algeciras.
Pasamos la aduana, con alguna pequeña dificultad. Con motivo de las
fiestas de Navidad, los proveedores de Las Palmas me habían realizado
multitud de regalos. Muchos eran botellas de licores. Además el
equipaje era enorme, incluido nuestro primer televisor en color, un
Sanyo comprado en Las Palmas. Menos mal que el teniente, de la
Representación del Sector del Sahara, me entregó un certificado
indicando que iba destinado a la Península. Ese certificado y la hora y
día de la llegada influyeron para alisar las pequeñas dificultades
aduaneras. El viaje de Algeciras a Cádiz, todo un placer. Así que, ¡Por
fin en casa! Hoy,
a los treinta y dos años, de aquel momento, aún lo recuerdo con
tremenda alegría. Fue un extraordinario comienzo de año. Por eso
deseo, a todos mis compañeros saharianos, que el año que hoy comienza
sea tan feliz, al menos, como
aquel año 1976, que yo comencé en el buque Juan March. Un fuerte
abrazo para todos. 1
enero de 2008. Román Martínez del Cerro.
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